#SemanaAutopublicados

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¿Autopublicado? Cualquiera puede hacerlo. No merece la pena, no será bueno.
¿Autopublicado? Seguro que tendrá una mala maquetación y ni estará corregido.
¿Autopublicado? Eso es porque le han rechazado en todas las editoriales.
¿Autopublicado? No tiene ningún mérito, solo tiene que enviar su archivo y ya.

¿Autopublicado? NO.

Estas podrían ser, entre otras, las cuestiones que uno puede escuchar por ahí acerca de la autopublicación. Bajo mi punto de vista, normalmente proceden de gente que no tiene mucha idea de lo que está hablando. Es así como se forman los estereotipos: uno tiene unos conocimientos adquiridos en base a unas pocas experiencias y a la imagen que percibe de, pongamos, un colectivo; no se molestan en contrastar esta información, puesto que podría desmontar sus esquemas mentales y pocas veces estamos dispuestos a admitir que no llevamos razón.

No puedo hablar por todos aquellos que autopublican, pero pondría la mano en el fuego por ellos al afirmar que, como yo, no se conforman con un archivo mediocre que subir a la plataforma de turno. Además de la creación de la historia (que de por sí es un mundo aparte), este proceso conlleva:

  • La lectura y relectura de la obra: por uno mismo y por lectores cero, quienes te impulsan a mejorar.
  • La corrección y vuelta a corregir: porque, sí, ya puedes leerlo mil quinientas veces, que siempre se colará alguna maldita errata.
  • La maquetación: debes formarte no solo en el uso del programa en cuestión sino en las reglas a seguir para un resultado óptimo.
  • La creación de la portada: que sea llamativa pero no recargada, que aporte intriga y que a la vez esté relacionada con el contenido, que atraiga pero que sea original… Y un largo etc.
  • La creación de la sinopsis: véase el punto anterior.
  • Todo el proceso de publicidad. Darse a conocer no es fácil, sobre todo si además eres novel, puesto que estás solo y hay, en cantidad, mucha competencia. Debes convencer de que tu obra merece ser leída. Y ahí comienza todo el movimiento en la red: blogs, redes sociales y medios de comunicación. Creas y participas en iniciativas, eventos y otras actividades. Y procuras no hacer spam. Todo el mundo sabe lo que molesta que te bombardeen a información sin respeto.

Todos estos son los ingredientes que te ayudan a nadar a contracorriente. Porque es a contracorriente. Nada te asegura que, a pesar de tu esfuerzo, vayas a llegar a más gente. Ya no digo vender, sino conseguir que te lean. Pero ¿sabéis qué? LUCHAS PORQUE ES TU SUEÑO.

Así que, como veis, NO es solamente “enviar el archivo y te desentiendes”. Una vez haces eso, la aventura no ha hecho más que comenzar.

En cuanto a que no será bueno… Los prejuicios, como en todo, juegan un papel muy importante aquí. Creo que, para forjar una opinión, hay que conocer el producto. Si no lo has consumido, en este caso leído, ¿cómo puedes afirmar que lo que te ofrezco es malo? Idea que extiendo a la corrección y la maquetación. Porque una vez hayas dado con una pipa rancia no significa que la bolsa entera lo esté, y mucho menos todas las pipas del mundo.

Con respecto al tema de las editoriales… Lógicamente son un gran motor, un motor gigante dentro del mundo literario. Hay editoriales, la mayoría, que hacen un trabajo impecable con el material con el que trabajan. Y no solo me refiero al libro en sí, sino al autor y todo el trabajo e ilusión que ha puesto en el proyecto. Sin embargo, otras (por desgracia) tratan al escritor de un modo poco correcto (y no digamos si eres novel), sin contar las carencias de corrección, maquetación y publicidad. Porque sí, lectores, hay editoriales que no realizan nada de esto cuando deberían porque es su trabajo. Así pues, la mala calidad no se puede achacar solo a los autopublicados, ¿verdad? La mala calidad surge ante la falta de interés y compromiso, da igual quién se encuentre detrás.

Tampoco se puede negar que muchos autores recurren a la autopublicación porque las editoriales a las que ha enviado su manuscrito les han rechazado. Pero esto no supone un motivo de vergüenza, sino más bien de admiración: a pesar de la negativa, quieren seguir adelante con su trabajo y su sueño. Sin embargo, no siempre se escoge este camino por ese motivo. Y así fue en mi caso.

Comencé publicando El presagio de Horus con editorial, ya que fui ganadora de un concurso literario y ese era uno de los premios. Pero, varios meses después, decidí no renovar el contrato porque no estaba de acuerdo con lo que la editorial me ofrecía con respecto a mi obra. No hablo de dinero, pero no voy a ser más explícita porque considero que los trapos sucios se lavan en casa. En cualquier caso, no me trataron mal. Pero yo necesitaba ir más allá y ellos tenían otros intereses. Bien, de acuerdo, ambos aceptamos. Al no renovar, nadie me publicaría el libro, saldría de la venta. Si contactaba con editoriales, podrían llegar a pasar meses sin recibir respuesta y no estaba dispuesta a tirar por tierra lo que había conseguido con la primera edición. Decidí autopublicar para poder mantener la obra al alcance de cualquiera que tuviera interés por ella. Y, algo muy importante, de esta forma mi opinión serviría.

En cuanto a la saga 13 Milímetros… Es un proyecto de casi una década, muy especial para mí. Y ya tenía experiencia con la autopublicación. Si soy sincera, no quería tampoco enviarlo a editoriales y que el tiempo jugara en mi contra… Quería publicarlo ya, mostrarlo y sentir que estaba cumpliendo con mi gran ilusión, aquella que comenzó sin ninguna expectativa y solo por el placer de escribir. Así nació Scorpio, el primero de cinco volúmenes. Sí, cinco, porque de otro modo salían libros muy gordos. Si ya es difícil que apuesten por ti siendo autopublicado y novel, el grosor excesivo tampoco ayuda. De esta forma, por entregas, ya vas dando a conocer lo que tienes por ofrecer, y darles la oportunidad de que conozcan la historia. Y dármela a mí misma también.

No tengo ningún problema en escribir esto con absoluta sinceridad. Es lo que opino acerca de la autopublicación y de los clichés que han de romperse al respecto. Esto es lo que soy. Y, ojo, NO es una crítica a las editoriales. Su labor es imprescindible y magnífica para los escritores y, por ende, para los lectores. Simplemente defiendo la vía alternativa. Detrás de cada escritor hay unas razones que le llevan al lugar en el que está ahora, y no tenemos por qué conocerlas. Quizá sean diferentes a lo que uno está juzgando, ¿verdad?

Los juicios… ¡Ay los juicios! Todos tenemos los nuestros, es algo que no nos pueden quitar y tenemos todo el derecho a emitirlos. El problema aflora cuando nos olvidamos de que se trata de algo personal y subjetivo, no universal.

Espero que todo el esfuerzo que se está llevando a cabo para derribar estos estereotipos dé sus frutos. Incluso si algún día vuelvo a trabajar con editoriales, seguiré pensando lo mismo y animando a que la gente no se venga abajo solo porque las puertas tradicionales no se han abierto para ellos aún. No hay nada más bonito que perseguir un sueño, ni nada más satisfactorio que conseguirlo. Cualquiera puede autopublicar, sí, pero no todo el mundo está dispuesto a trabajar tan duro en este camino solitario.

¿Solitario? NO.

Por todos aquellos que están conmigo, que me apoyan, que me han dado una oportunidad, que me ayudan a mejorar, que me alientan, que comparten mis publicaciones e inquietudes. Que me leen. Y, en especial, por mi chico, pues su inestimable colaboración hace que todo esto sea posible. GRACIAS.

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