Introducción – “El presagio de Horus”

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Hielo. Rocas. Polvo. Miles y miles de kilómetros recorridos en apenas un segundo. En el desamparo del adusto, sombrío y sempiterno espacio, el fulgor de un cuerpo celeste se derramaba sobre su elegante y luenga cola, extendida por el cosmos como el trazo cegador del pincel de una deidad superior.

Tras siete años recorriendo la elipse de su órbita, por fin volvía a aproximarse al calor de la estrella en torno a la cual giraba su inerte vida. Se acercaba a su sol. La colosal esfera candente recibiría al cometa para más adelante despedirlo entre lenguas de fuego. Pero no todavía. Ahora estaba regresando, como cada siete años.

El ingenuo cometa era, sin embargo, ignorante de que no era el único que volvía cada séptimo año. Las fronteras del Sistema Solar serían ultrajadas. Otra vez.

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